2012年3月25日

Kurt Cobain que estás en los cielos…

El tiempo pasa, pero los mitos perduran. Hoy se cumplen ya 14 años de la muerte de Kurt Cobain, el último gran ídolo de masas, la cabeza visible de la mal denominada Generación X. Aquí nuestro pequeño homenaje.
Kurt Cobain
Kurt Cobain
Kurt Cobain
Nirvana
Kurt Cobain
Kurt Cobain
Kurt Cobain
Kurt Cobain
14 años sin Kurt Cobain son muchos años, sí; suficientes para perderle el respeto y menospreciar el legado musical y la suma importancia de este genio compositor (que no instrumentista, cuidado, guitarristas de su generación los hubo mejores), más ahora que las nuevas tendencias musicales se apartan de la crudeza y minimalismo del sonido grunge en pos de sonidos más poperos y garageros. He aquí pues un pequeño escrito-homenaje para mantener vivo el recuerdo de tan ilustre figura.

La historia de Nirvana (o la de Kurt Cobain, que viene siendo lo mismo) empieza en el momento en el que éste y un amigo suyo, Chris Novoselic, deciden montar una banda en 1985 para dar rienda suelta a sus ilusiones de poder tocar rock sin tener que ser un virtuoso e intentar emular a sus ídolos de antaño (Pixies, Husker Du o Flipper, entre otros). Su oportunidad llegaría en el '89, cuando sacaron por medio de Sub Pop su primer disco, Bleach (1989), producido por Jack Endino, un disco que presentaba a unos Nirvana todavía verdes a nivel instrumental (Chad Channing, su batería de aquella época, les lastraba sobremanera en ése sentido, cosa que solucionaron separándose de él de mutuo acuerdo y acogiendo en su seno a un jovencísimo Dave Grohl) pero con unas cualidades compositivas que ya auguraban que esta banda podrían llegar incluso a vivir de la música. Melodías pegadizas, musicalmente simples a más no poder y una mala leche encima que no podían con ella. Ingredientes que, normalmente, aportan algunas buenas bandas al mundo musical, pero que no anticipan que ésta pueda llegar a hacer algo grande de verdad. Pero ellos lo hicieron. Y de qué manera.

Éste caso es otro de los miles de millones de misterios que encierra el mundillo musical: había bandas cien mil veces mejor preparadas que ellos, con una imagen mucho más comercial y con más recursos que ellos, pero el destino y David Geffen (el joven multimillonario cazatalentos que ya había fichado en su momento a Guns N’ Roses) se fijaron en ellos. Porque fue con Geffen (bajo producción de Butch Vig) con quien editaron Nevermind (1991). No creo que se esperaran montar el revuelo que montaron con el disco, quizá solo poder seguir tocando juntos y vivir de ello, pero en cuanto casi la totalidad de dj’s radiofónicos se volvieron locos con “Smells like teen spirit” y el tema sonó de forma enfermiza por la radio, se lió la gorda. El álbum alcanzó el número uno en Estados Unidos, llegando a desbancar al “Dangerous” de Michael Jackson (este hecho fue como una especie de anuncio de que el grunge ya estaba aquí y que había desbancado al pop, y a todas las clases de metal que se practicaban entonces, del trono musical). Tanta popularidad empezó a hacer mella en el atormentado e hipersensible Kurt, a quien las inmensas giras y su dolencia crónica estomacal (la cual fue la causante de su dependencia de la heroína para mitigar el dolor) lo dejaron hecho polvo.

Con todo, y aunque su éxito fue todo un golpe de suerte, no se puede negar que Nevermind (1991) es un señor álbum, donde lo mejor del punk, el pop y el rock se dan cita en trece canciones sencillitas a más no poder, pero con un sentimiento y un corazón como un mundo de grande. Todo un discazo que le abrió las puertas de la inmortalidad a Nirvana y a Kurt Cobain las de la autodestrucción, porque tanto éxito y tan repentino fueron mucha carga para tan frágiles hombros. El In Utero (1993) es un disco mucho mejor en su conjunto que el anterior, mucho más experimental, aunque también mucho menos valorado que su antecesor (la sombra de Nevermind (1991) era alargada; además, ensuciaron su sonido en In Utero (1993) y se arriesgaron más que nunca a nivel compositivo e instrumental, cosa que a sus fans enganchados por su segundo disco no acabó de convencer). Ya por entonces lo personal pesaba más que lo musical, con un Kurt metido hasta las trancas en la heroína y casado con Courtney Love, que no sé que sería peor. El caso es que el amigo no aguantó mucho más, y su cuerpo fue hallado sin vida el 8 de abril de 1994, aunque la autopsia determinó que su muerte se produjo el día 5, de ahí que nos pongamos todos los grungetas de luto ése día).

Mucho se ha perdido con su muerte. Nos quedamos sin uno de los mejores talentos musicales de los noventa, líder del grupo que le abrió las puertas de la fama a bandas como Alice in chains, Soundgarden o Pearl Jam, no lo olvidemos nunca, y con la duda de cómo habría evolucionado el sonido de su banda. Pero también es uno de ésos extraños casos en que su muerte sirvió para que saliera a la luz otra gran figura del mundo del rock: Dave Grohl, después de recuperarse del fatal suceso, salió de su papel de segundón, siguió su camino y formó los Foo Fighters, amén de colaborar con mil y un artistas afamados (NIN, Queens of the Stone Age, Garbage, Tom Petty…) y demostrar que él también sabía componer tan bien como su difunto colega, además de ser un grandísimo batería.

Ya sabéis, cuando volváis a nombrar a Kurt Cobain en cualquiera de vuestras batallas dialécticas con los colegas, nombradlo siempre con respeto y admiración, y con la seguridad de que nadie en la música hizo tanto y tan bien como él en tan poco tiempo.

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